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El efecto placebo tiene un impacto mayor de lo que pensamos sobre nuestro sistema digestivo.

El efecto placebo hace referencia a los efectos positivos sobre la salud que puede tener la administración de ciertos remedios sin motivo científico. Se asocian con el efecto placebo las pastillas de azúcar, las terapias alternativas y la fe, que pueden dar resultado cuando una persona está convencida del impacto positivo sobre su salud de un factor concreto.

El efecto placebo también está relacionado con la metabolización que nuestro cuerpo hace de los alimentos. Aquí te contamos cómo.

El cerebro y los alimentos

Seguro que alguna vez, al ir a comprar al supermercado, has salido con un producto nuevo que has escogido por lo que pone en su envase. Tenemos mucha fe en las etiquetas y las utilizamos para identificar cuán saludables son los productos que compramos.

Sin embargo, las etiquetas no se limitan a informarnos. Según la doctora Crum, investigadora del departamento de psicología de la Universidad de Stanford, son mucho más importantes.

Uno de los estudios de la doctora estudió la relación entre la información que nos transmite la etiqueta nutricional de un producto y el procesamiento fisiológico que nuestro cuerpo hace al consumir el mismo.

Su conclusión fue que las etiquetas nos pueden influir no sólo a la hora de elegir un alimento, si no también cómo éste nos afecta.

Los niveles de grelina y el apetito

Para su estudio, la doctora Crum realizó un experimento en el que medía los niveles de grelina. La grelina es una hormona que segrega el sistema digestivo a la que se conoce con el nombre de “la hormona del hambre”.

Cuando los niveles de grelina son altos, el cerebro recibe la señal de que hay que ir a por comida. Así, si después de una subida de grelina comes en gran cantidad, por ejemplo un bistec con patatas, los niveles de grelina bajan de nuevo. Esto informa al cerebro que ya has comido suficiente y que es hora de activar el metabolismo para quemar las calorías que acabas de ingerir.

En cambio, si en lugar del bistec te comes una ensalada pequeña, los niveles de grelina no cambian mucho y la respuesta de tu metabolismo es muy distinta.

Los científicos llevaban mucho tiempo pensando que los niveles de grelina dependían de los nutrientes que ingeríamos. Pero la doctora Crum, con el experimento del batido que explicaremos a continuación, demostró que eso quizás no sea del todo cierto.

El batido de vainilla

El experimento de la doctora Crum empezó con la fabricación de un inocente batido de vainilla. Una vez embotellados los botes de batido se dividieron en dos lotes distintos. La única diferencia que había entre los dos lotes era la etiqueta.

En la etiqueta del primer lote se describía al batido como una bebida baja en calorías, con un 0% de grasa, sin azúcares añadidos y con tan solo 140 calorías por unidad.

Al batido del segundo lote las etiquetas lo anunciaban de un modo completamente diferente. Lo posicionaban como una golosina muy apetecible y tremendamente rica, con azúcares y grasas suficientes como para llegar a las 620 calorías por unidad.

En realidad, todos los batidos, tanto los del primer como los del segundo lote, eran idénticos y tenían unas 300 calorías.

Un resultado sorprendente

Antes de dar a probar los batidos se midieron los niveles de grelina de los participantes en el experimento. Lo normal, después de que los participantes se los bebieran, sería que los niveles de grelina fueran los mismos en ambos grupos, pero no fue así.

Sorprendentemente, los niveles de grelina del grupo que bebió el batido etiquetado como rico en azúcares y grasas descendió tres veces más que el grupo que bebió el batido etiquetado como bajo en calorías.

Es decir, el cuerpo de los participantes dio un tratamiento diferente a las bebidas supuestamente más calóricas, aunque en realidad fueran idénticas.

¿Significa eso que las ideas que tenemos sobre un producto, nuestra mentalidad, repercute en nuestro metabolismo tanto o más que el alimento en sí?

Algo que tener en cuenta

Faltan más pruebas y más estudios para determinar qué grado de influencia proviene del alimento y cuánta proviene de la mente. Sin embargo, lo que prueba el experimento de la doctora Crum es que el modelo metabólico que se tenía hasta ahora necesita un replanteamiento.

La idea de contar las calorías que entran a nuestro cuerpo frente a las calorías que salen es limitado. Ciertamente, no tiene en cuenta nuestras creencias ni lo que pensamos acerca del alimento que vamos a consumir. Sin embargo, el experimento demostró que éstas tienen relación con cómo nos afecta.

Nuestra mente y nuestras ideas influyen en casi todo lo que hacemos. No sabemos hasta qué punto, eso es todavía un misterio por resolver. Sin embargo, está claro que no le hemos dado el crédito suficiente en cuanto a su incidencia en la determinación de nuestra fisiología.

Y ahora que sabes todo esto, tú decides cómo usar esta información.