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Si sospechas que tienes intolerancia a la lactosa, las buenas noticias son que lo tienes más fácil que hace unos años.

Solo tienes que dar una vuelta por el supermercado de tu barrio para ver que los fabricantes y distribuidores se han puesto las pilas al respecto. Hoy en día existen múltiples productos para ayudar a personas con este problemilla. Pero empecemos por el principio.

¿Qué es la intolerancia a la lactosa?

La lactosa es un azúcar que predomina en la leche. La intolerancia a la lactosa se refiere a la incapacidad del intestino para digerirla y transformarla en glucosa (azúcar) y galactosa (azúcar simple). En estas situaciones además se presenta una escasez de una enzima o proteína llamada lactasa, que se produce en el intestino delgado.

¿Qué la causa?

Las razones que llevan a la escasez de lactasa son múltiples. La más común es la intolerancia primaria, es la más habitual. Se debe a un descenso en la producción de la lactasa por parte del intestino. Este tipo de intolerancia es de origen genético, suele detectarse en la pubertad o la adolescencia y no puede revertirse.

Por su parte, la intolerancia secundaria a la lactosa se debe a algún daño de la mucosa intestinal que, de forma temporal o permanente, afecta la producción de lactasa. Normalmente va asociada a situaciones como la enfermedad celíaca, la enfermedad de Crohn, la colitis ulcerosa, los parásitos intestinales y las gastroenteritis, entre otras.

Un caso aparte es la intolerancia a la lactosa de tipo congénito, que es un trastorno de origen genético. Se debe a un déficit congénito de lactasa, debido a que el intestino delgado no produce dicha enzima. Este tipo de intolerancia a la lactosa se pone de manifiesto en la primera semana de vida.

¿Qué síntomas predominan?

Los síntomas típicos de la intolerancia a la lactosa, que aparecen tras la ingesta de productos lácteos, son dolor abdominal, hinchazón o distensión abdominal, gases, diarrea y náuseas.

Sin embargo, el grado de severidad de los síntomas cambia de persona a persona. Lo mismo sucede con el tiempo que tardan en aparecer, aunque suele estar entre la media hora y las dos horas tras el consumo de leche y derivados.

¿Cómo se trata la intolerancia a la lactosa?

Si eres intolerante a la lactosa, tendrás que cambiar tus hábitos alimentarios, aunque ello depende del grado de severidad de tu intolerancia. En general, el yogur y los quesos curados se suelen tolerar mejor que otros productos lácteos.

Plantéate realizar una dieta sin lactosa. Como decíamos al principio, la suerte es que hoy en día hay múltiples productos sin lactosa disponibles en cualquier supermercado. Por ejemplo, se puede encontrar leche sin lactosa o bebidas vegetales hechas a base de soja, almendra o avena, entre otras.

También te recomendamos convertirte en un experto en leer etiquetas. Muchos alimentos preparados, entre ellos los embutidos, contienen lactosa. Asimismo, está presente en muchos medicamentos. Por ello, antes de consumir cualquier producto, haz tus comprobaciones.

Si no tienes claro que tu problema sea la intolerancia a la lactosa pero sospechas que algo te sienta mal, échale un vistazo a ALVUM Intolerancias. Con el programa podrás descubrir a qué alimentos eres intolerante.

Para saber más, te recomendamos leer este artículo:
Rodríguez D; L. F. Pérez, L.F.. (2006). Información al paciente. Febrero 2019, de Revista Española de Enfermedades Digestivas.

¿Sospechas que tienes una intolerancia alimentaria?
ALVUM Intolerancias puede ayudarte.

Imagen de Photo by Waldemar Brandt en Unsplash.