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La fructosa está por todas partes. Conoce qué es y cuáles son sus efectos sobre el cuerpo.

La fructosa es un monosacárido, es decir, un hidrato de carbono de los más sencillos. La encontramos en frutas, verduras, miel y alimentos procesados, como por ejemplo bebidas refrescantes, néctares de fruta y productos etiquetados como light o diet.

En los países desarrollados se ha disparado el consumo este tipo de productos en los últimos años. Muchos de ellos, especialmente los procesados, contienen fructosa en altas dosis, con consecuencias para la salud de millones de personas.

¿Cuánto es demasiado?

La fructosa actúa de forma similar a la glucosa o azúcar simple sobre el cuerpo. La principal diferencia es que la fructosa se absorbe mucho más lentamente y los picos de insulina son más moderados.

Si bien nuestro intestino delgado puede asimilar hasta 50 g de fructosa al día, la a capacidad de absorción media en personas sanas es de unos 25 g. Una ingesta de cantidades superiores durante un tiempo prolongado puede afectar la salud y se relaciona con la aparición de problemas gastrointestinales, alteraciones hepáticas, diabetes mellitus, obesidad y enfermedades vasculares.

¿Qué implica una intolerancia a la fructosa?

Al parecer, la fructosa actúa de forma parecida al gluten en las personas que no la toleran. La mala asimilación de la fructosa provoca una inflamación del intestino y la mala absorción de los alimentos ingeridos. También altera la microbiota con consecuencias negativas, como la mala absorción de nutrientes.

Asimismo, un consumo elevado de fructosa por parte de personas intolerantes a ella conlleva aumento de peso, hiperglicemia, intolerancia a la glucosa e hipertensión arterial, además de aumentar el riesgo de padecer diabetes tipo 2 y problemas cardiovasculares.

¿Qué hacer si tenemos una intolerancia a la fructosa?

Las personas con intolerancias tienen que evitar la ingesta de productos procesados que contengan fructosa, además de reducir el consumo de frutas, verduras y miel. Como ya venimos diciendo, es importante leer las etiquetas de lo alimentos.

Para la población en general también es una buena idea adoptar una dieta que aporte fructosa en cantidades mínimas y que no superen los 25 g al día.

Para saber más: Riveros, María Jesús, Parada, Alejandra, & Pettinelli, Paulina. (2014). Consumo de fructosa y sus implicaciones para la salud: malabsorción de fructosa e hígado graso no alcohólico. Nutrición Hospitalaria, 29(3), 491-499.

¿Sospechas que tienes una intolerancia alimentaria?
ALVUM Intolerancias puede ayudarte.

Imagen de Miki Kitazawa en Unsplash.