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Los fermentados contienen microorganismos vivos que, después de ingerirlos, ejercen beneficios para la salud.

Hoy te hablamos de algunos de los fermentados más conocidos, para que conozcas sus beneficios y los incorpores a tu dieta. La ingesta de alimentos fermentados, además de ayudar a las bacterias buenas que residen en tu intestino, apoyan la segregación de la serotonina, conocida como la hormona de la felicidad.

Comer alimentos ricos en microorganismos, como los fermentados, es especialmente útil tras ciertas patologías y el consumo de antibióticos. Esto se debe a que los fermentados ayudan a reponer y restaurar parte de la microbiota intestinal gracias a sus alto contenido en bacterias y levaduras beneficiosas provenientes de la fermentación.

En resumen: es importante incorporar alimentos fermentados a nuestra dieta para estar mejor física y mentalmente. Aquí tienes algunos:

El kimchi

Originario de Corea, el kimchi es una preparación de verduras fermentadas que aporta a nuestra microbiota múltiples bacterias beneficiosas, como el Lactobacillus plantarum y el Leuconostoc mesenteroides. Este último ayuda a detener el sobrecrecimiento de la bacteria intestinal Helicobacter pylori, la cual puede causar malestar estomacal, úlceras gástricas e incluso cáncer de estómago. Además, el kimchi nos ayuda a estar más enérgicos, conciliar el sueño y tener menos problemas intestinales.

El yogur

El yogur es un alimento elaborado mediante la fermentación de leche por parte de bacterias de los géneros Lactobacillus y Streptococcus. Como otros fermentados, es saludable para el ser humano, independientemente de la edad. Esto se debe a su contenido en proteínas, vitaminas y minerales, en especial la vitamina D y el calcio. Asegúrate siempre que sea lo más natural posible y con cultivos vivos. Los llamados ‘postres lácteos’ no contienen fermentos vivos y por lo tanto no pueden comercializarse en Europa como yogur.

La kombucha

Se trata de un té endulzado fermentado por la acción de bacterias como Medusomyces gisevi y Bacterium xylinum. También contiene levaduras como Gluconobacter oxydans, Saccharomyces ludwigii, S. cerevisiae, Schizosaccharomyces pombe, Pichiafermentans y Zygosaccharomyces bailii. Proviene originalmente de la China, donde antiguamente se conocía como ‘el elixir de la vida’. Sus levaduras, acetobacterias y enzimas benefician nuestra digestión y mejoran nuestro sistema inmunológico.

El kéfir

Es un fermentado que se elabora a base de leche de vaca o cabra y bacterias lácticas y levaduras. El resultado es similar al yogur, pero ligeramente carbonatado y con un sabor menos ácido. Contiene proteínas, lípidos y azúcares, además de microorganismos entre los que destaca la bacteria Lactobacillus acidophilus. Este fermentado aporta minerales, especialmente calcio, magnesio y fósforo. También vitaminas del grupo B (B1, B5, B9 y B12, biotina) y vitamina K; aminoácidos esenciales, como el triptófano, y proteínas de fácil digestión. El kéfir regenera parcialmente la microbiota intestinal, facilita la digestión y elimina problemas de estreñimiento. También se utiliza como tratamiento complementario de la enfermedad inflamatoria intestinal (colitis ulcerosa).

El chucrut

Se trata de una col fermentada que se puede obtener en cualquier supermercado de forma envasada. Sus propiedades son muchas. Destaca su poder para regenerar la microbiota debido al proceso de fermentación. Gracias a éste se obtienen bacterias que ayudan a nuestra salud intestinal, como las Lactobacillus acidophilus, Lactobacillus plantarum, Lactobacillus pentoaceticus y Lactobacillus plantarum.

El miso

El miso es un producto de origen japonés. Se obtiene fermentado una pasta hecha con soja, sal marina y cereales gracias a la acción del hongo Aspergillus orizae. Este fermentado contiene vitaminas del grupo A, B y C; la primera y la última tienen efectos antioxidantes. Además, nos ayuda a eliminar toxinas de nuestro intestino y promueve la evacuación al generar un buen ritmo intestinal.

El tempeh

Resultado de la fermentación de judías de soja y el hongo de Rhizopus, el tempeh aporta bacterias beneficiosas para nuestra microbiota. Cabe destacar que el tempeh es un producto de alto nivel proteico, que puede ser un sustituto perfecto de productos animales. Debido a su base integral y las judías que contiene, el tempeh también favorece el tránsito intestinal.

Los quesos fermentados

No todos los quesos son fermentados. Muchos de los más populares se obtienen por cuajado, filtrado y prensado, sin fermentación microbiana. Los quesos fermentados presentan un proceso microbiano posterior al cuajado y filtrado, como por ejemplo los quesos Rochefort o Brie. Su alto indice proteico y propiedades nutricionales, funcionales y biológicas los convierten en un alimento muy completo. Las personas con intolerancia a la lactosa pueden consumirlo sin problema. Esto se debe a que la lactosa se pierde casi por completo en el filtrado previo a la maduración.

Las aceitunas y los encurtidos

Estos productos son el resultado de conservar alimentos como la aceitunas, hortalizas y verduras (cebolla, ajo, zanahoria, pepinillos…) en vinagre. Sin embargo, hay que ir con cuidado y leer atentamente las etiquetas, porque no siempre son fermentados. Esto se debe a que los procesos industriales y conservantes muchas veces eliminan las bacterias y hongos del proceso.

Las aceitunas y encurtidos caseros o artesanales, que sí los contienen, pueden ser beneficiosos para nuestro organismo. Estos fermentados ayudan a digerir mejor los alimentos y abrir el apetito, alivian el estreñimiento y la aerofagia y favorecen nuestra microbiota intestinal. Como extra, las aceitunas nos ayudan a combatir contra el colesterol (LDL) gracias al ácido oleico que contienen y nos aportan Omega3.

O sea que ya sabes: añade unos cuantos alimentos a tu lista de la compra la próxima vez que vayas a comprar. Tu microbiota te lo agradecerá.

Imagen de Angela Bailey en Unsplash