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Viajar con intolerancias alimentarias es complicado.

Sean cuales sean tus circunstancias, seguro que en algún momento te toca viajar. Quizás sea para acudir a una reunión de trabajo, o para unas vacaciones en familia. Si sufres de intolerancias alimentarias, la experiencia es a menudo un reto.

Hace unos días hablamos de estrategias para viajar con colon irritable. Hoy te daremos unos consejos para ayudarte a viajar más cómodamente si sufres intolerancias alimentarias.

Haz los deberes

Infórmate lo más que puedas sobre tu destino. Culinariamente hablando, ¿cuáles son los ingredientes más utilizados? Si eres intolerante a alguno de ellos, apúntate en el idioma local y en inglés cómo preguntar si es posible sustituirlo por otro. Google, la app Google Translate o una buena guía de viaje te podrán ayudar.

¿Hablas la lengua del país? Mira si hay blogs, webs o comunidades online (como grupos de Facebook) de personas con intolerancias alimentarias en tu lugar de destino. ¡Pueden ser una fuente de información muy valiosa! Si vas a pasar una larga temporada fuera, también puedes ponerte en contacto con un nutricionista local.

Busca el mejor alojamiento para tu caso

Comer fuera de casa durante días puede ser muy complicado. Si te vas a alojar en un hotel, entérate de antemano si puede ofrecerte alternativas en lo referente a las comidas. Por ejemplo, si el desayuno es continental, ¿pueden servirte un bol de fruta fresca en vez del croissant del desayuno?

Plantéate la posibilidad de alojarte en un apartamento con cocina, o al menos con acceso a una cocina compartida. Piensa de antemano algunos menús fáciles de pocos ingredientes que puedas preparar rápidamente. Tendrás más flexibilidad y opciones a la hora de comer, y puede que te haga las cosas mucho más fáciles.

Llévate la comida contigo

Si sigues una dieta restrictiva, depender de lo que ofrezca el vagón restaurante del tren o las tiendas del aeropuerto no es buena idea. Esto es aún más importante si tu viaje dura varias horas, como por ejemplo al tomar un vuelo intercontinental.

En estos casos, haz como nuestros abuelos y no dudes en llevarte la fiambrera con tu comida a bordo. Según tus necesidades, una ensalada de arroz, un plátano, un huevo duro, palitos de zanahoria o un puñado de frutos secos pueden ser buenas opciones. Algunas aerolíneas también ofrecen la opción de reservar con antelación un menú suave (“bland meal” o “soft meal” en inglés).

Viajar puede ser un placer, incluso si tienes restricciones alimentarias severas. La cuestión es organizarse con tiempo y llevar siempre algo de comida encima. Anticipar los obstáculos te ayudará a disfrutar más de la experiencia.

¡Bon voyage!

Foto de Caroline Selfors en Unsplash.