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La microbiota intestinal está relacionada con la enfermedad. Te contamos cómo.

Ya hemos visto que la microbiota intestinal está relacionada con la salud. Pero ¿qué pasa cuando hay una enfermedad? Los últimos descubrimientos sugieren que las bacterias que viven en nuestro intestino tienen que ver con distintas patologías.

Microbiota intestinal y enfermedades del tracto intestinal

Se han descubierto posibles conexiones entre las poblaciones existentes en la microbiota intestinal y algunas enfermedades del sistema digestivo. Por ejemplo, en aproximadamente la mitad de los cánceres de colon se da un complejo de bacterias concreto. Este complejo acaba generando la inflamación de este órgano.

Otras patologías propias del tracto intestinal también se han relacionado con la microbiota intestinal. Algunas de ellas son la enfermedad del Crohn o la celiaquía.

Más allá del aparato digestivo

Sin embargo, el papel de la microbiota intestinal va mucho más allá. Algunos estudios en dermatología sugieren que la microbiota intestinal de los pacientes con problemas de piel tiene una composición particular. Esto se da en pacientes con dermatitis atópica, psioriasis y acné, cuya microbiota intestinal es diferente de la de las personas que no sufren estas patologías.

Otros recientes relacionan la microbiota con enfermedades neurológicas, como la esclerosis múltiple, el Párkinson, el Alzheimer, la epilepsia o el autismo. También se está investigando el papel de la microbiota en otras patologías. Algunas de ellas son la rinitis alérgica, el asma, la diabetes de tipo 2 o las cardiopatías.

La microbiota y la enfermedad en los países ricos

Algunas de estas enfermedades, sobre todo las de tipo inmunológico y alérgico, se han expandido con fuerza en las últimas décadas, sobre todo en países desarrollados. Lo cierto es que las poblaciones que residen en estos países tienen mucha menos diversidad bacteriana en sus intestinos. De media, cuentan con hasta el 50% menos de familias de bacterias en sus intestinos que las personas que residen en otras regiones del mundo.

No es casualidad que estos problemas hayan aparecido en las regiones del mundo cuyas poblaciones llevan una dieta más rica en alimentos procesados y refinados en exceso. Asimismo, en estos países a menudo se ha hecho un uso exagerado de los antibióticos. Como sabemos, éstos tienen un impacto negativo sobre la microbiota.

Soluciones de cara al futuro

La dieta juega un papel esencial en la calidad y diversidad de nuestra microbiota. Según lo que comamos estaremos alimentando unas bacterias u otras. Una dieta equilibrada nos puede ayudar a mantenernos sanos. Al comer podemos tener contentas a las bacterias buenas y minimizar las poblaciones de bacterias malas en nuestros intestinos.

Más allá de la dieta, algunos investigadores sugieren que la ingesta de ciertos suplementos probióticos puede ayudar en algunos casos. Aún hay pocos estudios, pero hasta la fecha se han visto mejoras en casos de psioriasis, celiaquía y, de forma más limitada, en pacientes con autismo. Otra posible solución en la que se está investigando son nuevas vías terapéuticas, como el transplante de heces o el uso del análisis de microbiota para proporcionar soluciones de medicina personalizada.

Lo cierto es que cada vez más oiremos hablar de la microbiota y la enfermedad. Las comunidades de bacterias que viven dentro de nuestro organismo pueden convertirse en aliadas si las sabemos cuidar.

Imagen de Allie Smith en Unsplash.