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Los tests de intolerancias alimentarias se venden como la solución a muchos problemas.

Hoy en día podemos comprar multitud de tests de intolerancias alimentarias en farmacias, centros de terapias alternativas e internet. Este tipo de tests prometen identificar los alimentos problemáticos con una simple prueba. Es innegable que muchas personas que sospechan que tienen una intolerancia acaban recurriendo a ellos.

Los tests de intolerancias alimentarias vienen con un gancho innegable. Se presentan como una respuesta firme a nuestras dudas. Además, supuestamente solucionan multitud de temas, desde el colon irritable o la migraña al sobrepeso. Pero ¿cómo funcionan? Y ¿son efectivos?

Los análisis de sangre o IgG

Un primer tipo de tests de intolerancias alimentarias se centra en la proteína inmunoglobina G, también conocida como IgG. Se trata de análisis de sangre realizados en casa o en la farmacia. Los tests intentan determinar el comportamiento de los anticuerpos IgG, que todos tenemos, ante ciertos alimentos.

Tras un análisis de sangre, el cliente recibe una lista con una serie de alimentos ante los cuales nuestro cuerpo reacciona de forma negativa. Supuestamente, si los evitamos mejorarán nuestros síntomas. Estos tests se venden como beneficiosos en casos de colon irritable, autismo, epilepsia o fibrosis cística, entre otros.

Se trata de una solución nada económica: los precios de los análisis de sangre oscilan entre los 60 y 500 euros, más las visitas de seguimiento. Sin embargo, estas pruebas no tienen fundamento científico alguno. Si aparecen respaldados por estudios científicos, éstos están desactualizados o proceden de fuentes de reputación discutible. En definitiva, no son de fiar.

Los tests de intolerancias genéticos de saliva y cabello

Estos tests caseros prometen analizar las respuestas individuales a más de 600 alimentos. Se basan en el análisis del metabolismo genético nutricional del paciente y sus respuestas. También recomiendan la compatibilidad de cada uno de esos alimentes para cada individuo, según su genética nutricional individual.

Lo cierto es que, como en el caso de los tests de IgG, estos tests de intolerancias no tienen una base racional. No existe una correlación entre los resultados y los síntomas de las intolerancias alimentarias. Además hay una total falta de evidencia científica en cuanto a su efectividad.

Las terapias alternativas: biorresonancia y kinesología

La biorresonancia se basa en la idea que las enfermedades son consecuencia de un “desequilibrio biofísico-energético”. Los dispositivos de biorresonancia supuestamente pueden ayudar. Según sus proponentes, estos aparatos también son capaces de detectar alergias e intolerancias alimentarias. Sin embargo, ningún estudio científico ha demostrado que estas técnicas funcionen más allá del efecto placebo.

Lo mismo puede decirse de la kinesología, que se vende como terapia natural. Este método se centra en una serie de pruebas musculares para determinar los campos energético, emocional, estructural y químico del paciente. Tampoco se ha podido demostrar científicamente su efectividad. De hecho, la kinesología ha sido rechazada como técnica diagnóstica de alergias por asociaciones profesionales de alergólogos en distintos países. Esto incluye la Academia Europea de Alergología e Inmunología Clínica (EAACI).

Los tests de intolerancias que sí funcionan

Según la Sociedad Española de Alergología e Inmunología Clínica (SEAIC), la única intolerancia diagnosticable mediante un test es la intolerancia a la lactosa . El resto de casos de intolerancias no pueden detectarse mediante un test. El único método para comprobar los alimentos no tolerados es mediante una dieta de exclusión, eliminando los alimentos susceptibles de provocar reacciones y reintroduciéndolos después de forma estructurada.

La reintroducción es especialmente importante porque las dietas que eliminan alimentos pueden resultar peligrosas. Realizar una dieta restrictiva de forma permanente y sin control, únicamente con el resultado del IgG como guía, puede llevar a deficiencias nutricionales. No es de estrañar, pues, que asociaciones de profesionales del mundo entero estén en contra del uso de tests de IgG a la hora de diagnosticar intolerancias alimentarias.

En definitiva, si por desesperación y necesidad de tener una respuesta acabas comprando uno de estos tests, estás tirando el dinero. No existe evidencia de su efectividad y si acudes a tu médico con el resultado es muy probable que te diga que te han timado. Las panaceas no existen, y haremos bien de ignorar los cantos de sirena de los tests de intolerancias alimentarias.

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Imagen de Louis Reed en Unsplash.