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Hoy analizamos si los llamados superalimentos realmente se merecen ese nombre o si todo es un mito.

Empecemos diciendo que desde el punto de vista técnico de nutrición, no existen los superalimentos. Sin embargo, se ha hablado tanto de ellos últimamente que merece la pena que vayamos punto por punto.

Empezamos, pues, con tres de los superalimentos de los que más se habla: los germinados, las algas y las superfrutas. En el próximo artículo nos encargaremos de la miel y derivados, las setas y las hierbas y especias.

Superalimentos de bolsillo: los germinados

Los brotes germinados han recibido mucha atención últimamente por sus supuestas propiedades y mayor digestibilidad. Lo cierto es que los germinados mejoran la digestibilidad y nutrientes de las semillas, y más concretamente de sus vitaminas.

Sin embargo, no hay nada nuevo bajo el sol. Los germinados se conocen desde el neolítico. La malta que se utiliza para hacer cerveza es un pregerminado del trigo. Incluso las judías, garbanzos y lentejas se suelen cocinar y comer tras un remojo previo, es decir, pregerminadas.

Si quieres incorporar más brotes y germinados a tu dieta, perfecto, pero ve con cuidado. Pueden ser fuente de bacterias poco convenientes como el Bacilus cereus, la Salmonella, la Yersinia enterocolitica o la E. coli. Por ello, si los compras, que sean de absoluta confianza. Mejor prepáralos en casa tras pasar las semillas por una solución de lejía durante unos 10 minutos y enjuagarlas con abundante agua.

Algas: nori, spirulina y demás superalimentos

Un alimento que hemos adoptado con entusiasmo estas últimas décadas ha sido las algas. Las algas nori, con las que se prepara el sushi, son muy ricas en proteínas, omega-3, fibra, calcio y magnesio, además de antioxidantes y depurativas. El único problema es que nuestro estómago no puede aprovechar estos nutrientes.

Se ha comprobado que los japoneses, grandes consumidores de este producto desde hace siglos, tienen una microbiota diferente a la de los occidentales. Los microorganismos que habitan en su tracto digestivo les permiten digerirlas. Para que nosotros podamos hacer lo mismo, las algas tienen que estar muy procesadas.

Dentro de las algas, la spirulina se merece un aparte. Este tipo de alga se vende como un superalimento especialmente potente. Sin embargo, lo cierto es que sal mal parada comparada con otros productos. Un puñado de frutos secos, por ejemplo, lleva más proteína que una porción de spirulina, y es mucho más barato.

Las frutas con superpoderes

Hay muchas frutas, tanto frescas como deshidratadas, que se comercializan como superalimentos. Con todo, en prácticamente todos los casos se exageran sus propiedades y se minimizan los problemas que pueden causar. Te damos un par de ejemplos.

Las bayas del Golgi supuestamente son un regalo para nuestro sistema inmune y una bomba de vitaminas y antioxidantes. Pero quizás te sorprenda saber que en lo que a propiedades se refiere se asemeja mucho al humilde tomate. Ten en cuenta también que estas bayas son de la familia de las solanáceas, y por lo tanto pueden generar intolerancias alimentarias en ciertas personas.

Otra fruta que se ha puesto de moda es la granada. Este alimento, tan típico de nuestras latitudes, se vende como muy rico en nutrientes, vitamina C y minerales. Todo es muy cierto, pero también es verdad que una naranja te dará más o menos lo mismo. Eso sí, al tener más fibra insoluble debido a las pepitas, si tienes estreñimiento puede ser de gran ayuda. (Por la misma regla de tres, cuidado con consumir granada si sufres de colon irritable).

¿Te has quedado sorprendido con lo que te hemos contado hasta ahora? Pues sigue leyendo para distinguir entre mito y realidad al hablar de superalimentos.

Si sospechas que tienes una intolerancia alimentaria, ALVUM Intolerancias puede ayudarte. ¿Preguntas? Consulta nuestras FAQ.

Imagen de Simone Fischer en Unsplash.