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Una nueva encuesta sobre intolerancias alimentarias recoge las demandas de los afectados.

Infografía-resumen de los resultados descargable aquí (PDF)

Una encuesta sobre intolerancias alimentarias realizada por estudiantes de enfermería de las Escoles Universitàries Gimbernat, centro adscrito a la UAB, arroja nuevos datos sobre el problema.

Los resultados de la encuesta indican que los afectados sienten una gran frustración ante el desconocimiento e incomprensión de la sociedad. También se quejan de que  el colectivo médico no se toma en serio sus problemas digestivos. Además, el 87,9% opina que las intolerancias alimentarias están aún poco o nada visibilizadas.

Las cifras indican el enorme impacto de la dolencia en los afectados, que a menudo pierden calidad de vida. Este impacto es tan severo que el 88% de los afectados afirma que las intolerancias alimentarias han supuesto un cambio de vida bastante o muy importante.

Las intolerancias alimentarias: síntomas diversos y a largo plazo

Las intolerancias alimentarias generan una sintomatología muy variada, y así lo corroboran las respuestas de los encuestados. Según los datos recabados, el síntoma más habitual que provocan las intolerancias y sensibilidades alimentarias son la hinchazón y distensión abdominal (89,3%). A continuación aparecen los gases o flatulencias (88%), el dolor abdominal (71%), la diarrea (59%), la fatiga (57%) y la ansiedad (50%).

Algunos encuestados afirman que las intolerancias les causan otros síntomas con menor prevalencia. Estos incluyen los dolores articulares, los mareos, las flemas, los picores, los dolores musculares y calambres, las taquicardias, la caída de pelo y el acné, entre otros.

Hay que añadir que la severidad de los síntomas varía no sólo entre individuos. En cuanto a la prevalencia en el tiempo de dichos síntomas, muchos los sufren desde hace años. Así, el 67,8% de las personas que respondieron a la encuesta sobre intolerancias alimentarias lleva más de 3 años en esta situación. De hecho, el 46,7% del total los sufre desde hace más de 5 años.

El impacto de las intolerancias sobre la calidad de vida

A causa de las intolerancias, los afectados ven mermada su calidad de vida de forma sustancial. Para el 42,4%, las intolerancias y sensibilidades alimentarias han tenido un impacto negativo en todos los aspectos de su vida. Esto incluye las relaciones afectivas, familiares, sociales y laborales, además de la salud física y mental. Varias personas mencionaron la necesidad de recurrir a las bajas laborales en períodos especialmente críticos, lo que tiene consecuencias profesionales.

Por otra parte, el 28,7% ha visto un impacto negativo en su vida social. Esto es debido a que no pueden comer fuera de casa o viajar. La dificultad en acudir a restaurantes tiene un impacto especialmente negativo, ya que muchas interacciones sociales se dan alrededor de la comida. El 18,5% afirma haber tenido que cambiar su dieta, limitando los alimentos que pueden comer.

Finalmente, el 8% indica que ha tenido problemas de salud mental. Los datos sugieren que el malestar, el agotamiento constante y la sensación de incomprensión que sufren muchos afectados les causan ansiedad y cambios de humor. Esto a la larga tienen un impacto muy negativo sobre la calidad de vida. Muchos aseguran que les han acabado generando otros problemas de salud, como otras enfermedades o trastornos del sueño.

La búsqueda de soluciones a las intolerancias alimentarias

Las intolerancias alimentarias se dan cuando el sistema digestivo de un individuo no es capaz de procesar algún tipo de alimento. Pese tratarse de un problema en auge, sus causas, aparición, diagnóstico y tratamiento son aún poco conocidos, de ahí que muchos de los encuestados hayan probado distintas soluciones disponibles en el mercado.

El 96% de los consultados ha consultado con su médico, aunque el 64,2% explica que este paso no le ha funcionado. Existen además otras soluciones habituales que, según los encuestados, no acaban de generar resultados. Estas son el consumo de probióticos y prebióticos (el 71,7% lo ha probado y al 54% no le ha funcionado); acudir a un nutricionista (el 63,5% lo ha probado y al 55,4% no le ha funcionado); el consumo de protectores de estómago (61% lo han probado, al 76,4% no le ha funcionado); el incremento de las horas de sueño (el 57% lo ha probado y al 68% no le ha funcionado); y el incremento de la actividad física (el 59% lo ha probado y al 51,2% no le ha funcionado).

La solución habitual que según los encuestados ha dado mejor resultado en su caso ha sido realizar una dieta de exclusión de alimentos. El 90% ha adoptado alguna variación de este tipo de dietas, consistentes en eliminar ciertos alimentos de la dieta para reintroducirlos paulatinamente después. El 73% afirma que esta restricción temporal en la ingesta de algunos alimentos les ha funcionado.

Por lo que se refiere a soluciones más minoritarias, los encuestados mencionan los antibióticos, los suplementos naturales, la homeopatía, la fisioterapia, el ayuno, las enzimas digestivas, la acupuntura, el jengibre y los tests de intolerancias, aunque con resultados desiguales.

El 94,7% de los encuestados ha acudido a internet para informarse de su dolencia. El 80,2% ha utilizado las redes sociales, el 78% páginas web diversas, el 46,1% blogs, el 45,6% artículos de revistas científicas y el 26,3% videos. El 18% también ha utilizado aplicaciones móviles de algún tipo. El 77,8% afirma que los contenidos que ha encontrado en internet le han resultado bastante o muy útiles.

Un problema pendiente de visibilización

La encuesta revela también las demandas concretas de los afectados sobre cómo la sociedad en general puede contribuir a mejorar su situación. En primer lugar, muchos reivindican la implicación de las empresas de hostelería y restauración. Según los encuestados, es vital que éstas proporcionen a sus clientes información clara y específica sobre los alérgenos presentes en sus platos. Esto es porque a las personas con intolerancias, sensibilidades y alergias alimentarias les puede resultar muy complicado comer fuera de casa en su situación.

Por otra parte, los encuestados también exigen una mayor implicación del colectivo médico ante los pacientes con intolerancias alimentarias. Recordemos que, pese a que el 96% ha consultado con su médico, el 64,2% explica que este paso no le ha funcionado. Varios afectados se quejan de la percepción de algunos médicos de que se trata de un problema psicológico. Esta actitud, que algunos afectados creen que se da especialmente en la sanidad pública, les causa un sentimiento de frustración e indefensión.

En el plano social, muchas personas que padecen intolerancias se sienten poco comprendidas por amigos, familiares y colegas. Las limitaciones a la hora de salir de casa y relacionarse socialmente y laboralmente con normalidad les afectan especialmente. En general, lamentan que se conozca poco el tema y que no se comprenda su severidad para el día a día de los afectados. Además, hay mucho descontento ante la falta de ayudas o subvenciones a productos o tratamientos para apoyar a los afectados.

 

La encuesta sobre intolerancias alimentarias recabó las respuestas de más de 400 personas con este problema. Un 92,3% eran mujeres y el 61,4% tenía más de 35 años. El 94,6% de las personas que respondieron estaban seguras de padecer una intolerancia, mientras que el 4,4% no lo tenía claro. La encuesta la llevaron a cabo dos estudiantes de enfermería de la Escuela Universitaria de Enfermería Gimbernat durante sus prácticas laborales en la empresa de salud digital ALVUM en febrero de 2020. 

Imagen de Mauro Mora en Unsplash.