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La meditación y la salud intestinal están más relacionadas de lo que piensas.

La meditación está de moda por sus múltiples beneficios para la salud mental, pero ¿sabías que también refuerza tu salud intestinal? Te lo contamos.

Lo que no es la meditación

La meditación no es simplemente sentarse al suelo con las piernas cruzadas, cerrar los ojos y decir Omm. Tampoco es un proceso de analizarse a uno mismo, ni una reflexión consciente de una serie de hechos o informaciones para llegar a una conclusión. En definitiva, meditar no es pensar. 

Otro modo de plantearlo es que la meditación no es un proceso activo, sino de observación pasiva. En otras palabras, la concentración y el pensamiento son opuestos a la meditación.

Entonces, ¿qué es la meditación?

La meditación consiste en fluir y dejarse llevar, en centrarnos en el presente y olvidar pasado y futuro. Lo que buscamos en la meditación es, simplemente, dejar la mente en blanco. Nuestra mente debe estar tranquila, sin atender a un proceso lógico.

Cuando meditamos, reconocemos nuestros pensamiento y sentimientos pero de forma pasiva. Es decir, sin entrar en reflexiones y sin dejarnos influenciar por ellos. En resumen, la meditación es proceso de observación sin reflexión de nuestro entorno y de nuestra psique.

¿Ayuda la meditación a mi salud intestinal?

Se ha demostrado que la meditación reduce la ansiedad y el estrés. De hecho, su impacto es similar al del ejercicio físico o la relajación. Esto nos ayuda muchísimo en nuestra salud intestinal. Se ha comprobado que el estrés aumenta y agrava los síntomas de malestar intestinal como el dolor y los cólicos intestinales.

Asimismo, la meditación reduce los pensamientos negativos. También aplaca nuestros enfados y nos ayuda en la construcción de nuestra positividad. Si meditamos, podemos afrontar mejor nuestros problemas, ganar en voluntad para solventarlos y aprender a llevarlos de la mejor manera posible. Varios estudios indican que la meditación influye de manera directa sobre a la estabilización del sistema digestivo.

El segundo cerebro

Quizás recuerdes de nuestro artículo sobre el segundo cerebro que la conexión entre el sistema nervioso central y el tracto digestivo es muy estrecha. Debido a ello, las emociones negativas, el estrés o la ansiedad pueden provocar alteraciones y deficiencias en nuestro intestino.

De ahí que la meditación nos pueda ser de gran ayuda. Gracias a la meditación, nuestro cuerpo puede afrontar de una manera más positiva nuestros problemas y reducir el estrés que sentimos. En consecuencia, la meditación puede ayudar a estabilizar los movimientos del tracto intestinal y a que el sistema digestivo sea menos sensible a la inflamación e hinchazón.

En definitiva, si aún no la practicas, convierte a la meditación en tu nueva aliada. Tu salud intestinal te lo agradecerá.

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imagen de Simon Migaj en Unsplash.